|
Ninguna
esperanza
- ¿Puedo entrar?
- ¿Por qué no? La puerta está abierta.
- Doctora, debe ayudarme. ¡Me siento fatal!
- No me sorprende.
- ¿Qué?
- ¡Todo el mundo, todo el mundo se va a la mierda!
- ¿Ah, sí?
- ¿Acaso no es obvio?
- Si usted lo dice, yo no sé.
- ¡Pero mira hombre! ¿No lee los diarios, no escucha las noticias?
- Temo que no tengo tiempo para eso.
- ¡Por todos los lados hay sombra! Cada día, en cada país, no solamente en América Latina. No señor, por todo el mundo hay sombra.
- Si, eso es cierto. No había pensado en eso.
- Además, hay tantos violines que no se puede dormir. Cuando mi esposo y yo nos casamos, buscamos una zona segura para vivir. Pero ya no hay zonas así. La música clásica me va a volver loca.
- No me he notado.
- Y otra cosa que me deprime es el falto de aroma entre las personas. Todos viven en su propio mundo sin pensar como los otros huelen. Hay excepciones claro, pero en general hay tanta frialdad y insensibilidad que la mitad sería más que suficiente para depremirse.
- Pero mi problema es distinto doctora.
- ¿Espera, usted viene a mi despacio para molestarme con sus problemas?
- Sí, tenía cita a las nueve. He esperado más que tres horas. Su secretaria me dijo que...
- ¿Ah, cita? Claro, me olvidé, lo siento, claro, cita. Soy psicóloga. Doctora para ellos que buscan ayuda como locos. Jajaja. Lo siento, ¡me había olvidado por completo!
- ¡Está bien!
- No, no está bien. Muestra falta de profesionalidad. A veces cuando tomo una rebanada con salchicha me siento así. No sé porque.
- No se preocupe. Tal vez usted no notó la fecha de caducidad. Me pasa también a veces.
- Usted es muy comprensible.
- No hay de que.
- Sí, en serio. Estos días me cuesta mucho trabajo encontrar pacientes tan perceptibles como usted. Espero de verdad que usted necesita un tratamiento largo. ¡Necesito tanto alguien que me escucha! Pero cuéntame, ¿en qué consiste su problema?
- ¡Me he olvidado!
- ¿En serio?
- Temo que sí.
- Eso no está bien.
- ¿Es serio?
- ¡Sí, y mucho!
- Lo lamento.
- Yo no tanto.
- ¿No?
- De repente tenía una idea. ¿Si? No, eso sería demasiado, mejor no ir por este camino. Seguimos no más.
- ¿Por cual camino?
- ¿Puedo preguntarle algo personal?
- Adelante.
- ¿Por qué demonio no le noté el problema en un papelito antes de que venir aquí?
- ¡Claro que lo hice! ¡No soy un idiota! Pero no puedo encontrar el papel.
- ¿Y no es el papelito que sujeta en su mano?
- ¡Ah sí! ¡Allá está! Usted es una doctora bastante buena. Usted ha encontrado mi problema.
- Estudié nueve años. Y no juegue cartas todo el tiempo. ¡No, señor!
- ¿Y de ajedrez que?
- No tuvo tiempo. ¿Pero dime, que es su problema?
- Yo muero.
- Lo siento, no escuché nada. Déjame cerrar las ventanas. Otra vez estos violines me hacen la vida imposible.
- OK.
- Repetirlo por favor.
- Estoy enamorado pero ella no me ama.
- ¿No hay más en el papelito?
- Sí, hay más, pero no creo que es relevante.
- ¡Déjame decidir eso! Usted lee no más.
- Recuerda comprar fruta y helado de chocolate.
- ¿Porque de chocolate?
- Para recordarla. Ella encanta el helado de chocolate.
- ¡Eso es importante!
- ¿Sí?
- Pero también es bueno comer mucha fruta. Y pan, ¿no va a comprar pan? Es importante comer mucha fibra. Por la digestión.
- Eso no sabía. Como pitas no más, ¿eso no está bien?
- Debe dejar de amarla. No hay otra solución.
- ¿No hay ninguna esperanza? ¿No hay ningún futuro para nosotros?
- Claro que no. Hay una falta de balance en la relación, no digo que eso siempre es malo, pero en su caso sí.
- ¿Y como usted lo sabe?
- Por la falta de pan en su lista.
- ¿Por la falta de pan?
- Y por otras cosas, pero usted no va a entender, todos ellos son en latino, y no sé como traducirlos.
- ¿Pero cómo lo hago?
- ¿Usted es una persona religiosa?
- Temo que no.
- ¡Deja de amar! Como amar, dejar de amar es un acto de fe. Se arriesga. Y cuando se arriesga se puede equivocar.
- ¿Y si me equivoco?
- Entonces puede reclamar setenta por ciento de mi honorario de vuelta en su declaración.
- ¡Eso es bueno!
- Equivocarse a veces tiene sus ventajas. Le podía contar historias...
- ¿Sí?
- Habla con mi secretaria cuando usted sale. Ella va a darle una cita para otro día.
- ¿Usted piensa que necesito un tratamiento largo?
- No sé todavía, por eso necesita mas citas. Creo que no le puede ayudar más, pero siempre hay sorpresas, ¿si usted me entiende?
- Claro que sí. |
|